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El
día 12 de novembro
de 2003 la Presidenta de Alecrín, Ana Miguez, compareció en la "Comisión
Especial sobre la Prostitución" del Senado Español. Esta fuei su intervención:
CORTES GENERALES
DIARIO DE SESIONES DEL
SENADO
Año 2003 VII Legislatura
Comisiones. Núm. 550
COMISION ESPECIAL SOBRE LA PROSTITUCION
PRESIDENCIA DE LA EXCMA. SRA. DOÑA CRISTINA KLIMOWITZ WALDMANN
celebrada el miércoles, 12 de noviembre de 2003
COMPARECENCIAS PARA INFORMAR SOBRE LA MATERIA OBJETO DE ESTUDIO DE LA COMISION:
-DE DOÑA ANA MIGUEZ VIGO, DE LA ASOCIACION ALECRIN DE VIGO (PONTEVEDRA)
(715/000449).
Buenas tardes, señorías.
En primer lugar, quiero agradecer a los
miembros de esta comisión, en nombre de la organización que represento
y en el mío propio, la deferencia que han tenido al invitarnos a participar.
Desde la constitución de esta Comisión Especial
sobre la Prostitución he seguido muy de cerca las intervenciones que se
han ido produciendo, y no puedo negar que muchas de ellas me han producido
un enorme desasosiego --por otra parte, comprensible--, si parto de la
base de que aún no había sido invitada ninguna organización que trabajase
de forma directa, día a día, con mujeres prostituidas, ya que estoy convencida
de que a partir de las diferentes intervenciones podrá tenerse una visión
más amplia y objetiva.
En 1994, Alecrín se planteó introducirse
en el mundo oscuro y desconocido que es la prostitución, a partir de un
fuerte debate interno. Pueden creer sus señorías que para nosotras, como
mujeres feministas que trabajamos de forma organizada en el espacio de
la violencia de género desde el año 1984, ese debate sobre la prostitución,
así como el posterior trabajo con mujeres prostituidas, supuso un clarificador
posicionamiento ideológico, que no teníamos en un inicial planteamiento.
Fue precisamente en 1995, con motivo de
la reforma del Código Penal español y la regulación de los delitos relativos
al ejercicio de la prostitución, lo que nos llevó a mantener alguna que
otra reunión con los responsables de la Comisión de Justicia del Parlamento
español, para plantear nuestra preocupación y la sospecha de lo que creíamos
que podría ocurrir a partir de una reforma que obviaba el Convenio Internacional
para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución
ajena, de 1949. Creemos que ésta fue la causa de la expansión del proxenetismo
organizado, ya que dejamos de ser un país de tránsito para las mafias a
ser un país receptor, donde éstas se consolidaron y florecieron.
Afortunadamente, con la nueva reforma del
Código Penal y la previsión expresa de sancionar a cualquiera que se lucre
con la prostitución ajena, vuelve a ser retomada la larga tradición abolicionista
española y los compromisos que ante Naciones Unidas adoptamos al suscribir
el convenio de Naciones Unidas de 2 de diciembre de 1949.
A principios del año 1996, Alecrín decide
abrir el primer centro de día para mujeres prostituidas en Vigo y, en el
año 2000, en Santiago de Compostela, con la función de prestar apoyo a
las mujeres que están siendo prostituidas o en peligro de serlo. Estos
centros de día defienden sus derechos como mujeres y como ciudadanas, dándoles
una orientación sociolaboral sobre asuntos legales, sociales y sanitarios,
tales como permisos de residencia, agrupación familiar, ayudas económicas,
vivienda, tarjeta sanitaria, derivación médica, trámites para guarderías,
colegios, comedores, etcétera.
Las características principales de los centros
de día son las de ofrecer un servicio anónimo, confidencial y gratuito,
donde se preserva la identidad de las usuarias. Es un espacio libre de
agresión o violencia, con la pretensión de que sea un lugar para su descanso;
asimismo, los centros de día ofrecen un servicio de ducha y lavandería.
Las mujeres que acuden a los centros de día son mujeres del barrio o de
la calle y, ocasionalmente, de los clubes y pisos.
La unidad móvil, además de apoyar a los
centros de día, cumple otras funciones en el mismo marco; esta unidad móvil
es una furgoneta, debidamente acondicionada, que recorre los barrios y
las zonas donde las mujeres son prostituidas en Vigo, Pontevedra, Santiago,
Ourense y Lugo, para ofrecer información y apoyo, tanto de tipo sanitario
como social.Desde este servicio, en colaboración con las Consellerias de
Sanidade y Asuntos Sociais de la Xunta de Galicia, y a través de diferentes
programas desde el año 1999, se lleva a cabo un programa sanitario conocido
por el nombre de Olimpia, de prevención de VIH y enfermedades de transmisión
sexual, prestando el servicio de reparto de preservativos. A través de
folletos informativos en diferentes idiomas ofertamos a todas las mujeres,
ilegales o no, un servicio de asistencia médica confidencial en los lugares
a los que acude esta unidad móvil.
Cualquier mujer que desee acudir a estos
servicios es atendida a partir del volante que nosotras expedimos, dirigido
al servicio sanitario asignado por la Conselleria de Sanidade.
En los centros de día, barrios y calles
de estas ciudades intervenimos con 1.545 mujeres, de las que 516 son sudamericanas,
553 españolas, 162 africanas, 161 portuguesas, 80 de países del Este y
73 no informan. Estos datos fueron obtenidos a partir de los barrios y
calles donde las mujeres son prostituidas.
Observarán un importante número de mujeres
españolas y portuguesas, por lo que debemos aclarar que estas mujeres en
muchos casos, o dependen de la droga y, por lo tanto, la prostitución se
hará a partir de esta necesidad; o son mujeres establecidas en los barrios
desde hace años, en general, mujeres mayores, algunas superan los 70 años,
si bien es cierto, que en los últimos años nos encontramos con un importante
número de africanas, albanesas y rumanas, que son prostituidas fuera de
los barrios.
El piso es un servicio que está ubicado
dentro de la geografía gallega y lleva funcionando escaso año y medio.
Su función es acoger a las mujeres que huyen de la prostitución, y hasta
la fecha fueron siempre mujeres traficadas. En el piso están el tiempo
mínimo imprescindible, y es condición indispensable para acceder a él que
denuncien su situación. La llegada de estas mujeres al piso se produce
a través de la Guardia Civil, Policía Nacional, juzgados, prostituidores,
organizaciones de mujeres o casas de acogida. De las 16 mujeres que pasaron
por el piso, 14 eran de nacionalidad brasileña, una rumana y otra subsahariana,
entre 18 y 22 años. Todas tenían cargas familiares, hijos e hijas muy pequeños.
Todas vinieron a España con promesas de trabajo de camareras. Tres estaban
amenazadas aquí, trece amenazadas aquí y en su país de origen, una de ellas
fue trasladada lejos de Galicia, y la superviviente rumana, conocedora
de seis idiomas, trabaja con nosotras y, ocasionalmente, con la Policía
en prostitución. Dos de estas mujeres, una subsahariana y otra brasileña,
volvieron a su país de origen, no sin antes contactar con la Policía portuguesa,
organizaciones no gubernamentales, o con la Iglesia Adventista, que les
recogieron en el aeropuerto y trasladaron a ellas y a su familia a otro
lugar de residencia dentro del mismo país. Siete de ellas habían sido subastadas
en Portugal al mejor postor y trasladadas a Galicia. De estas 16 mujeres,
cuatro fueron rescatadas de pisos y el resto de clubes, empleando diferentes
métodos; dos escaparon, once fueron rescatadas por la Policía, y tres a
través de prostituidores clientes, que contactaban con nosotros informándonos
de la situación en que se encontraban las mujeres.
Pues bien, es a partir de estos servicios
y el trabajo directo con las mujeres prostituidas, cuando Alecrín puede
ofrecer una información que creemos valiosa, y que podemos calificar como
privilegiada. En la actualidad y desde hace algún tiempo, trabajan con
nosotras en plantilla dos mujeres supervivientes de la prostitución, una
mujer española que fue prostituida desde niña, y una mujer traficada de
origen rumano. Creí necesaria hacer esta pequeña introducción para que
sus señorías conozcan un poco más el desarrollo de nuestro trabajo, ya
que soy consciente de que he sido invitada a esta Comisión Especial sobre
la Prostitución, para informar a partir de nuestra experiencia como organización
que interviene directamente con mujeres prostituidas. Y aunque ya sé que
las cifras son frías, son importantes para una correcta lectura del gran
negocio de la prostitución.
El día 2 de enero de 2001 Alecrín inició
un recorrido exhaustivo por la geografía gallega, con el fin de contabilizar
los clubes donde se están prostituyendo mujeres, así como su número y nacionalidad.
Este estudio finalizó el 24 de mayo del mismo año, dando un resultado alarmante:
contabilizamos 352 clubes. Quiero aclarar que estos datos ya no coinciden
con los de la policía gallega, puesto que ellos contabilizan en la actualidad
alrededor de 400, un año más tarde de nuestro estudio; por otro lado, nada
extraño, dado el floreciente negocio de la prostitución.
Los 352 clubes los clasificamos en tres
categorías, los que oscilaban entre cinco y diez mujeres, entre 10 y 30,
y entre 30 y 50. Este estudio nos dio un resultado de aproximadamente 8.000
mujeres, que contrastado con los datos de la policía de Galicia eran coincidentes.
Sin embargo, creemos que es un número muy bajo si nos remitimos a las 300.000
mujeres que se maneja como número aproximado en España. En este estudio
constatamos que las mujeres prostituidas en los clubes son ciudadanas extranjeras
en un índice superior a un 95 por ciento.
Mayoritariamente y por orden numérico, su
procedencia es la siguiente: dominicanas, colombianas y brasileñas, todas
controladas por grupos organizados. En la actualidad y desde hace aproximadamente
dos años nos encontramos con mujeres subsaharianas de las antiguas colonias
portuguesas. Su entrada en Galicia se hace a través de Portugal, así como
rumanas, albanesas y de la antigua Unión Soviética. Asimismo, en el último
año observamos una masiva entrada de mujeres brasileñas. Tanto es así,
que algunos clubes y pisos en los últimos tiempos se nutren sólo de estas
mujeres. Su traslado se hace vía París, y el traslado a Galicia en automóvil.
Para abastecer la demanda cada vez más exigente
y sofisticada, la captación de estas mujeres se hace en su país de origen,
bien mediante contactos a través de otras mujeres colaboradoras, captadoras,
personas conocidas, familiares, o bien mediante anuncios de prensa y agencias
de colocación. Para introducirlas en Galicia y España emplean diferentes
medios y diversos sistemas, dependiendo del país de procedencia y siempre
ejerciendo una presión bárbara sobre ellas a partir de la deuda económica
adquirida para venir a España, y de las amenazas a ellas o a sus familias.
En Galicia existen redes organizadas, que pueden llegar a ser muy peligrosas
si las mujeres quebrantan su reglas, o no cumplen los compromisos que adquirieron
a partir de la deuda. Nunca olvidaré a una mujer brasileña, casi una niña,
con un hijo muy pequeño, amenazada aquí y en su país de origen, y rescatada
en un club cerca de Vigo, que se surte mayoritariamente de mujeres brasileñas.
Esta mujer, testigo protegido, nos contaba cómo a una compañera de nacionalidad
colombiana, después de huir asesinaron a su hijo, y volvió a ser reclutada
para la prostitución después de amenazarla con matar a su segundo hijo.
Sus señorías podrán imaginar la desesperación de esta mujer rescatada durante
los 42 días que estuvo con nosotros. Hoy, afortunadamente, está con su
hijo y su madre en un lugar desconocido, pero la mujer cuyo hijo asesinaron,
seguramente ya no continúa en el Club Cóndor del Ayuntamiento de Mos, dado
el constante traslado al que se ven sometidas.
No desconocemos que algunas mujeres saben a lo que vienen, pero en su decisión
siempre nos encontramos que esta condicionada por una situación de vulnerabilidad
en su país de origen. Otras muchas acuden engañadas con la falsa promesa
de un trabajo digno y bien pagado. Y lo que ninguna conoce es la realidad
que le espera y la situación a la que van a ser sometidas; retirada del
pasaporte y del billete de vuelta, no perciben nada de las ganancias, aplicándoles
infinidad de sanciones si no cumplen las normas. Conocemos dueños, gerentes
y encargados de clubes, que suelen ir a buscar mujeres a sus países de
origen, siendo su contacto en muchas ocasiones otras mujeres o nativos
de ese país. Pero hasta hace muy poco en Galicia no podíamos hablar de
grandes mafias organizadas, y es a partir de los últimos dos años cuando
empezamos a descubrir la conexión de las redes entre Galicia, Portugal
y Latinoamérica. Fue para nosotras un descubrimiento y, por lo que observamos,
una copia de las mafias del Este que operan principalmente por Levante,
Cataluña y sur de España, y que empiezan a introducirse también en Galicia,
la creación de agencias de viajes. Esto lo detectamos cuando quisimos aprovechar
el billete de vuelta de algunas mujeres que al huir pudieron hacerse con
él, y a través de alguna mujer en cuyo país de origen estaba aguardándola
la captadora. Más tarde este hecho nos fue confirmado por la misma policía.
Las mafias están tan bien organizadas que
llegamos a encontrarnos con alguna mujer, que después de estar siendo prostituida
durante seis meses y sin conocer la ciudad donde estaba, cuando fue rescatada
e intentamos legalizar su situación en España, nos encontramos para nuestra
sorpresa y de la policía de extranjería de Vigo, con que tenía permiso
de residencia. Este mujer cuando fue rescatada y llegó a Alecrín sólo sabía
cinco o seis palabras en español, las únicas que necesitaba para dirigirse
a los prostituidores, y que sus señorías podrán imaginar. Nos decía que
en el club donde fue rescatada había más de 150 mujeres, todas extranjeras
y en su misma situación.
Nuestro trabajo en los clubes se limita
a la información sanitaria o de tipo social. Cuando volvemos al club, nuevas
caras nos reciben, ya que la estancia de las mujeres casi nunca sobrepasa
el mes, siendo trasladadas a otros clubes no solo por una cuestión de seguridad
sino por la exigencia de un nuevo producto para consumo, con lo que resulta
casi imposible el mantener un seguimiento con las mujeres contactadas.
La información que tenemos es a partir de
las sobrevivientes y así sabemos que en muchos de los clubes existe un
circuito cerrado de video como medio disuasorio para la víctima cuando
no obtienen colaboración, amenazándola con hacerlo llegar a la familia,
y en otros casos utilizan otras fórmulas disuasorias, como es la amenaza
a sus hijos e hijas o familiares directos. Pero, si no fuese suficiente,
emplean otra fórmula que les está dando magníficos resultados para que
las mujeres pierdan la esperanza de ser rescatadas, huir o denunciar: utilizan
supuestos prostituidores vestidos con uniforme --cualquier uniforme sirve--
con la finalidad de que les quede claro que la posibilidad de recurrir
a la policía no existe a partir del momento en que son prostituidores clientes
que requieren sus servicios.
Piensen sus señorías que el tiempo que tardan en pagar la deuda, que nunca
es inferior a 4.000 euros, es el que necesiten sus propietarios mientras
no se produce la socialización de la mujer, es decir, es a partir de la
resignación cuando los propietarios de las víctimas van a tener la suficiente
seguridad de no ser denunciados. Y si a esto añadimos los escasos medios
con los que cuenta la policía y las escasas o nulas ayudas con las que
contamos las organizaciones --en este caso, Alecrín--, la situación se
complica dramáticamente, pues no es suficiente la buena voluntad.
Recuerdo la imprudencia que en una ocasión mostramos desde Alecrín --y
de esto hace tres años aproximadamente-- cuando un prostituidor cliente
vino a nosotras diciendo que una chica de un club cuando se estaba ocupando
con él le había dicho: «Help». Pues bien, sólo el desconocimiento de las
fórmulas de coacción hizo imposible el rescate. Le pedimos a un colaborador
nuestro que acompañase al prostituidor para que identificase a la mujer
y que pagase una ocupación con ella con el fin de informarle de que una
organización de mujeres que estaba en contacto con la policía la acogería,
informándole también del día y la hora en que sería la redada para el rescate.
Por supuesto, la redada la hace la policía. Y la cara de pánico que puso
cuando este colaborador pronunció la palabra policía creo que no podría
describirse.
Más tarde, otras mujeres de ese y de otros clubes a las que tuvimos acceso
nos confirmaron este hecho. Por supuesto, la mujer negó que estuviese amenazada
y fuese prostituida en contra de su voluntad, por lo que no pudimos hacer
nada. A la puerta de la comisaría, estaban sus dueños aguardándola a ella
y a sus compañeras, quienes tenían la absoluta seguridad de que no iban
a ser denunciados, por lo que ni se molestaban en esconder su identidad.
La edad de las mujeres que nos encontramos en los clubes oscila entre los
18 y 25 años, pero, por lo que ellas nos cuentan, hay mujeres de 16 y 17
años, que llegan desde su país de origen con la documentación falseada
y que para la policía española es muy difícil de comprobar. Y si hablamos
de mujeres africanas, estas lo tienen más difícil, pues en muchos casos
se trata de mujeres que son captadas en sus tribus y en su mismo país habría
dificultades para saber la edad, dada la falta de registros fiables. Y
estas mujeres tampoco podrían escapar o denunciar, pues sus explotadores
tienen en su poder desde un trozo de cabello hasta sangre de la menstruación
para emplear en ritos en los que aquellas creen y que dañarían a sus familias
y a ellas mismas.
Al inicio de mi intervención les decía, señorías, que la decisión de Alecrín
de trabajar con mujeres prostituidas nos llevó a un fuerte debate interno,
no exento de preguntas sin respuestas o con respuestas incompletas. Fue
importantísimo para nosotras que mujeres supervivientes de la prostitución
se incorporasen al trabajo de campo, dado que su experiencia nos permitió
un mayor acercamiento a ese mundo tan desconocido para la mayoría de la
población. Estas mujeres supervivientes de la prostitución y el tráfico
han compartido con nosotras sus experiencias y nos
han hecho partícipes de sus esperanzas,
de los abusos y violencias vividas, de los daños físicos y psicológicos.
Ellas han sobrevivido a la barbarie, a los abusos y a la explotación sexual
en situaciones cercanas a la esclavitud y en nombre de mis compañeras Rodi
y Carmen también estoy aquí.
En los siete años que llevamos trabajando con mujeres prostituidas, descubrimos
que son mujeres muy fuertes, que construyen barreras mutilatorias para
protegerse de un acto contrario a la normalidad que un ser humano puede
soportar. Descubrimos que todas las mujeres podemos ser prostituidas y
que sólo la casualidad nos sitúa en uno u otro lugar para ser o no vendidas
y compradas. Descubrimos que ni una sola mujer con las que intervenimos
quiere ser prostituida ni quiere la prostitución para nadie y si están
siendo prostituidas es porque la necesidad obliga.
Descubrimos que la oferta de mujeres prostituidas se construye a partir
de las exigencias sexuales masculinas. Descubrimos que la prostitución
nos manda un mensaje a las mujeres y a las niñas: que si algo falla en
nuestras vidas, tenemos como alternativa la prostitución. Descubrimos que
no se puede hacer distinción entre prostitución y tráfico de mujeres, pues
la distinción crearía las bases para excluir a la prostitución de la categoría
de violencia contra las mujeres. Descubrimos que la prostitución es el
objetivo del tráfico sexual y construye la base para el tráfico de mujeres
y niñas. Descubrimos que, cuando la prostitución es aceptada por una sociedad,
el tráfico sexual y el turismo sexual la sigue. Y descubrimos que lo que
realmente importa es la explotación sexual, no el traslado de las víctimas.
Las mujeres que conocemos vienen de aquellos países donde la femenización
de la pobreza es una realidad. Sabemos que hay millares de mujeres y niñas
dispuestas a emigrar al mundo industrializado en busca de una vida mejor
y terminan viviendo situaciones de esclavitud. Y esta tendencia va en aumento,
pues los traficantes de sexo necesitan un suministro constante de mujeres
y niñas para ofertar y satisfacer los deseos de los prostituidores, como
decía, cada vez más exigentes.
A lo largo de estos años interviniendo con mujeres prostituidas, traficadas
o no, constatamos que los proxenetas y los prostituidores son los únicos
beneficiarios de la oferta prostitucional. No negamos que pueda haber mujeres
proxenetas --nosotras las conocemos--, pero sabemos que la mayoría son
utilizadas como mujeres de paja, que prestan su identidad para la defensa
de unos intereses que no son los suyos.
Y sus señorías podrán observar que asociaciones de proxenetas reciclados
a empresarios a partir de la reforma del Código Penal en el año 1995 están
organizando un sindicato de mujeres prostituidas. Este hecho planteado
aquí sé que va a ser motivo de reflexión y no va a llamarnos a engaño,
porque sus señorías coincidirán conmigo en que sería la primera organización
empresarial que públicamente promueve mecanismos de defensa para las trabajadoras.
Permítanme sus señorías una pequeña reflexión consecuencia de nuestro trabajo
directo con mujeres prostituidas. Por ello, nos preguntamos: ¿Es la prostitución
un problema de mujeres? ¿Por qué siempre que se habla de prostitución trasladamos
el problema a las mujeres? ¿Por qué no se focaliza el problema de la prostitución
en los hombres, que son quienes generan la demanda de este comercio? ¿Por
qué los hombres compran mujeres y niñas? ¿Existe alguna razón? ¿Por qué
consentimos que nuestros jóvenes se socialicen como futuros compradores
de cuerpos de mujeres y niñas? ¿Por qué consentimos que a nuestros jóvenes
se les traslade el mensaje de que, si algo falla en sus vidas, tienen como
salida la prostitución? ¿Quién se beneficia de todo esto? ¿Existe alguna
razón que legitime o justifique que los hombres compren mujeres? Cuando
hablamos de libertad de las mujeres en prostitución, ¿de qué libertad estamos
hablando, de la libertad de los hombres para comprar un producto por el
que pagan o de la libertad de las mujeres? Quiero dejar estas preguntas
en esta Cámara para la reflexión. Me pregunto si acaso existe un mejor
lugar. Creo que no, pues la decisión de sus señorías va a marcar la vida
de miles de mujeres y niñas, estando seguras de que siempre tendrán en
cuenta el bienestar de las mismas, ya que su decisión no va a afectar solo
a las mujeres prostituidas sino también a nuestras niñas, a nuestras jóvenes
de futuras generaciones y, por supuesto, a su dignidad y a la nuestra.
Sabemos que la solución de este enorme problema es difícil, nadie lo niega,
pero no es imposible ni utópico. La violencia contra las mujeres hasta
hace muy poco tiempo no existía y desde las mismas instituciones se negaba.
Les voy a contar una anécdota clarificadora y semejante a lo que estamos
viviendo en la actualidad con la prostitución de mujeres.
Cuando en el año 1985, en Galicia, Alecrín se propone abrir el primer centro
de información de los derechos de la mujer, decidimos conscientemente no
hablar de malos tratos ni de violencia hacia las mujeres. Hablábamos de
informar a las mujeres sobre sus derechos. Hablar de malos tratos no sería
políticamente correcto si queríamos que el centro fuese subvencionado.
Por ello, teníamos que ser cautas, muy cautas. Por ello teníamos que ser
cautas, muy cautas y fue sólo a partir de ese momento cuando empezamos
a denunciar los malos tratos infringidos a las mujeres. Empezamos a exigir
que se visualizasen y aunque nos falte mucho camino por andar, hoy el Estado
perfecciona mecanismos para su persecución y la población española está
dejando de normalizar estas conductas. Pues bien, con la prostitución vivimos
una situación similar, con la diferencia importante de que la prostitución
es el segundo negocio más importante del mundo después de las armas, donde
se mueven enormes intereses económicos.
Desde las organizaciones de mujeres que trabajamos con mujeres prostituidas,
hoy aglutinadas en la Plataforma por la Abolición de la Prostitución, creemos
que es necesario empezar a hablar de los prostituidores clientes, esos
personajes anónimos e invisibles que se esconden bajo la denominación de
clientes y que son nuestros hombres y de los que nunca hablamos y no lo
hacemos porque sentimos que están legitimados para comprar cuerpos de seres
humanos y utilizarlos como ellos quieren, pues para eso pagan. Estos hombres
están transmitiendo la idea de que
comprar cuerpos de mujeres es tolerable
y es ahí, señorías, donde hay que empezar a intervenir. Quienes defendemos
posturas abolicionistas creemos necesario empezar modificando las conductas.
Como representante de una organización muy preocupada por la violencia
hacia las mujeres, el 23 de septiembre del año 2002 desde Alecrín iniciamos
una campaña en radio y prensa dirigida a los prostituidores, que consistió
en publicar en la prensa gallega unos anuncios en los espacios en que se
oferta el mercado prostitucional. Quisimos ver la reacción que causaba.
El anuncio decía: Si vas de putas, Si compras cuerpos de mujeres o niñas,
si consideras esto un hecho normal, atentas contra la dignidad y los derechos
humanos de las mujeres. La reacción no se hizo esperar. Tuvimos muchísimas
dificultades con algunos medios que no quisieron introducir el texto en
las páginas de las ofertas prostitucionales. Unos lo publicaron después
de hacer la consiguiente consulta y otros se negaron a hacerlo en las páginas
que nosotras queríamos. Los que publicaron el anuncio fuera de esas páginas
nos compensaron no cobrando, pero también podemos decir que recibimos llamadas
felicitándonos por el texto y todas las llamadas, sin excepción, a nuestras
preguntas contestaron que nunca se habían planteado el problema a partir
del prostituidor.
Pues bien, fue interesante saber que posiblemente tendríamos que comenzar
por hablar de los prostituidores con campañas claras para que la población
empiece a concienciarse y descubrir a los cómplices de los proxenetas y
mafias, principales culpables y que la estigmatización se reparta entre
ellos. Por supuesto, señorías, no podemos olvidarnos de los medios de comunicación,
beneficiarios del gran negocio prostitucional, que consolidan y fortalecen
la normalización de la prostitución publicitando reclamos de jovencitas,
vírgenes, ingenuas, perversas, licenciadas, amas de casa y todo lo que
pueda ocurrírsele a la clientela anunciadora.
Es necesario, señorías, que las mujeres que se encuentran en nuestro país
y que son vendidas y compradas por nuestros hombres tengan la posibilidad
de legalizar su situación y así poder optar a un trabajo, porque la prostitución
no es ningún trabajo y afecta a la dignidad de todas las mujeres prostituidas
o no. Es indispensable que se creen mecanismos para que llegue una información
clara a los países que exportan cuerpos de mujeres, alertándolos sobre
la situación que van a sufrir y sería bueno recordar y no olvidar que a
principios del siglo XX nosotros también fuimos exportadores de esclavas
sexuales hacia Orán, Francia, Portugal o América Latina y tanto es así
que los archivos del Ayuntamiento de Vigo recogen un manifiesto donde el
presidente del centro gallego de Montevideo en el año 1909 se dirige a
las autoridades españolas solicitando que se pongan los medios, pues la
mayor parte de las infelices --y transcribo textualmente-- que en condiciones
tales vienen a Sudamérica son conquistadas en las aldeas y parroquias rurales,
donde por falta de instrucción esmerada se prestan con más facilidad al
engaño.
Señorías, el tráfico de mujeres y niñas no es algo nuevo, desgraciadamente
es algo muy viejo. Es necesario que los intereses patriarcales masculinos,
tan consolidados y defendidos con los mecanismos culturales actuales, se
revisen. Sabemos de su dificultad y, como ya dije, no se nos escapa que
son mecanismos que están institucionalizados tanto a nivel estatal como
de mercado y, por supuesto, en la industria global de la prostitución.
Pero ¿acaso no rompimos con el silencio de la violencia doméstica, aunque
queden muchos flecos sueltos? Señorías, la prostitución es uno de los máximos
exponentes de la violencia contra las mujeres. Quizá la ley sueca no sea
la panacea, pero es un comienzo importante. A nadie se nos escapa que la
ley sueca se aprobó a partir del momento en que las mujeres políticas fueron
mayoría en el Parlamento sueco. Aquí aún nos falta mucho, pero tengo que
decir que fueron nuestras parlamentarias españolas, todas, las que lograron
en esta última reforma del Código Penal la redacción dada al artículo 188.
Pero sería terrible que tuviésemos que aguardar a una mayoría parlamentaria.
Les decía que la ley sueca no es la panacea, pero por de pronto consiguió
que las mafias no se establecieran y que desapareciese el 80 por cien de
la prostitución y que el prostituidor fuese penalizado, y ya es algo.
Pero la ley sueca además de proteger a las víctimas, como decía Malka Markovich,
tiene la fuerza de un símbolo al igual que la Declaración Universal de
los Derechos Humanos o la Convención Abolicionista de 1949 y aunque no
se apliquen en la mayoría de los países del mundo, no por eso las vamos
a rechazar.
Pero no quiero olvidarme de Holanda, por ser la otra cara de la moneda,
y voy a remitirme a la información de la que nuestra prensa se hizo eco
el 11 de octubre de 2002. El ministro de Justicia de Holanda, cuando los
periodistas le preguntaron sobre la situación actual de la prostitución,
contestó que los objetivos no habían sido logrados, que la marginalidad,
la explotación de menores y las mafias se mantenían dos años después de
la legalización de los burdeles, que las prostitutas seguían sin mejorar
su situación y que de las 30.000 mujeres prostituidas sólo estaban legalizadas
921 y que sospechaba que detrás de estas altas había todo un entramado
mafioso de explotación sexual. Esto fue lo que dijo el Gobierno holandés
por boca de su ministro. Seguro que desde esta Cámara podrán pedir una
información más completa.
Muchas gracias.
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La señora PRESIDENTA: Gracias, señora Míguez, por su información, que es
fruto de la experiencia y de primera mano a lo largo de estos años que
han estado trabajando.
(...)
Sin más, pasamos al turno de portavoces.
En primer lugar, por el Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas
Vascos, tiene la palabra doña Inmaculada Loroño.
La señora LOROÑO ORMAECHEA: Gracias, señora
presidenta.
Voy a iniciar mi intervención dándole la bienvenida y agradeciéndole su
presencia en esta comisión y sobre todo lo que nos ha transmitido a través
de la experiencia de Alecrín, que lleva trabajando con mujeres prostituidas
bastantes años, como bien nos ha dicho. Al hilo de los datos que usted
nos ha aportado, quisiera plantearle una serie de cuestiones.
En primer lugar, fundamentalmente el trabajo lo realizan ustedes con mujeres
que son prostituidas en calle y no en clubes. Sin embargo, por lo que le
he podido entender, también realizan trabajos en los clubes, transmitiendo
información sanitaria a las mujeres que están en ellos.
Quisiera plantearle una cuestión: si ustedes, que trabajan con las mujeres
vinculadas al mundo de los clubes, tienen problemas para acceder a ellas
o pueden entrar libremente en los clubes sin problemas serios; si tienen
libertad de movimiento y de acceso a esas mujeres, con independencia del
aspecto que usted ha comentado: que nunca se encuentran con las mismas
caras, porque se produce una rotación de esas mujeres por los distintos
clubes.
Por otro lado, usted ha comentado también --y es la primera vez que como
portavoz lo oigo en esta comisión, por lo que quisiera que nos facilitara
más información al respecto-- que en estos momentos se está auspiciando
la creación de un sindicato de mujeres prostituidas. En alguna ocasión
hemos planteado a distintos comparecientes la cuestión de si existen asociaciones
de mujeres que tratan de buscar una situación mejor y defender sus derechos,
incluso denunciar su propia situación y buscar otra serie de alternativas,
y siempre se nos ha dicho que no se conocen.
Por lo que le he creído entender, parece que esto se ha propiciado desde
el ámbito empresarial o por los titulares de esos clubes o locales. Me
gustaría tener más información al respecto, que nos informara de lo que
se conoce a través de Alecrín.
Estoy de acuerdo con usted en que siempre enfocamos el problema desde la
mujer y no desde la perspectiva del hombre, del cliente, del prostituidor.
Usted ha hablado de una campaña que realizaron el año pasado en Galicia,
de la situación que se generó en los medios de comunicación, de la inserción
de la campaña en dichos medios y de las distintas llamadas que recibieron
felicitándoles por hacer hincapié en un aspecto en el que quizá no sólo
los hombres sino nosotras mismas como mujeres no nos damos cuenta y no
hacemos visible la otra cara de la situación, al promotor de que esto se
mantenga. Me gustaría conocer, al hilo de las felicitaciones, si fueron
objeto de amenazas o de llamadas en el otro sentido, de decir: no vengan
a desmontar situaciones o negocios; y por otro lado, desde el lado de la
mujer: no vengan a desmontar mi medio de vida. Hay que entender que la
prostitución tiene formas muy diversas, las situaciones de las mujeres
son muy distintas, y, por otro lado, cada mujer prostituida lo vive de
forma distinta. ¿Recibieron llamadas de mujeres que decían que estaban
poniendo en juego su medio de vida?, Hay mujeres que entienden que ése
es su medio de vida y están pidiendo el reconocimiento laboral, es decir
que se considere como un trabajo.
Voy a concluir, para dar paso a otros compañeros de la comisión, preguntándole
sobre una cuestión que me parece importante. Usted ha dicho que desde Alecrín
consideraban importante trabajar con las mujeres que habían conseguido
salir del círculo, con las mujeres que ha denominado supervivientes de
la prostitución o del tráfico. He entendido que la mayoría de las mujeres
con las que ustedes trabajan han sido y siguen siendo víctimas de tráfico
y de mafias, a las que siguen vinculadas. Mi pregunta es cómo encaran la
nueva situación estas mujeres supervivientes.
¿Pesa en ellas el sentimiento de estigma? Alguna vez se nos ha transmitido
que el estigma pesa mucho más que lo que una quiera hacer para poder salir
de ese círculo. Por otro lado, ¿hay recursos, programas y servicios adecuados
para que estas mujeres rompan ese círculo con garantía, con seguridad y
puedan rehacer su vida? Nada más y muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, senadora Loroño.
Por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra doña Carmen Montes.
La señora MONTES CONTRERAS: Muchas gracias,
señora presidenta.
En primer lugar, quiero darle la bienvenida a doña Ana Míguez al seno de
esta comisión y darle las gracias por la exposición que nos ha hecho.
Nos ha planteado al principio de su exposición que veía con desasosiego
cómo por esta comisión habían comparecido una serie de personas y, sin
embargo, no habíamos contactado con las organizaciones que trabajan con
las mujeres que se mueven en este ámbito. Yo quiero decirle que esté tranquila,
que la intención de esta comisión es tener una visión lo más amplia posible
para poder llegar a una solución objetiva que contemple los puntos de vista
de todas las partes que están implicadas en esta cuestión.
Yo quisiera pedirle una aclaración sobre alguna de las cuestiones que ha
planteado en su exposición, que creo que ha sido bastante completa, y sobre
el trabajo que vienen desarrollando.
Me da la impresión de que cuando se habla de la mujer prostituida tenemos
una visión demasiado pasiva de la mujer. Yo creo que la prostitución tiene
su última causa en la desigualdad entre hombres y mujeres, pero yo no quiero
ver a la mujer tan poco dueña de su propia vida, yo creo que estamos dando
algunos pasos para conseguir esa igualdad y ser dueñas de nuestra propia
vida. Con esto no quiero decir que no existan condicionantes en la vida
de esas mujeres que les lleve hacia ese destino, pero, a partir de un análisis
de la situación, creo que las mujeres no somos tan inconscientes, no somos
como un niño pequeño, da la impresión de que son situaciones que se dan
sin que nosotras voluntariamente hayamos reflexionado sobre ello. Eso impide
que haya una serie de circunstancias que conduzcan a esa situación.
Me ha llamado mucho la atención, respecto a las actuaciones que llevan
a cabo en los clubes en los que trabajan, lo relativo a la colaboración
policial. Me ha parecido entender que tienen una buena colaboración policial
y esto casa mal con la escasez de medios que, por otro lado, plantea.
Difícilmente esa colaboración puede ser tan idílica, en tanto que me ha
dado la impresión de que son unos policías muy concienciados, que no es
a lo que yo estoy acostumbrada a ver en los medios de comunicación cuando
se detiene a las mujeres después de una redada. En esos casos, parece que
la mujer no es la víctima sino la delincuente. Quisiera saber cómo llevan
estas cuestiones en Galicia, porque no coincide con lo que yo veo en la
Comunidad Autónoma, de Andalucía. No hay ese nivel de conciencia por parte
de la policía.
Ha hecho referencia a la mujer superviviente, a la mujer que consigue salir
de la prostitución, y me gustaría conocer cuántas mujeres hay que podamos
llamar supervivientes, que hayan podido abandonar la prostitución, el ser
traficadas y qué proporción sobre el total de mujeres tratadas, porque
al final estamos hablando de lo que sienten y de lo que nos transmiten,
y nos gustaría saber si son representativas del total de las mujeres que
se pueden encontrar en esta situación.
Ha planteado que no se puede separar el tráfico de seres humanos y prostitución.
Creo que es muy difícil hacerlo, pero no podemos obviar que existe un tráfico
de seres humanos cuyo fin no es la prostitución, por tanto, aunque fuera
a nivel metodológico deberíamos separar ambos conceptos; tanto en esta
comisión como en una anterior relacionada precisamente sobre el tráfico
de seres humanos, mujeres y niñas, diversos comparecientes nos planteaban
que estas redes operaban indiscriminadamente con el mismo método, cuyo
fin era la prostitución o el trabajo en el servicio doméstico, el tráfico
de órganos, etcétera.
Además, nadie puede objetar que este fenómeno es un hecho delictivo en
sí mismo; estas personas, no solamente hablo de la prostitución sino también
del servicio doméstico o cualquier situación de explotación laboral, pueden
venir voluntariamente sabiendo que se van a encontrar en una situación
irregular en el país de destino y, sin embargo, se ponen en manos de estas
mafias que se valen de una situación de especial vulnerabilidad en sus
países de origen y de la necesidad que padecen, ya que este tráfico existe
porque hay desesperación en sus países de origen; son personas que intuyen
que van a encontrarse en situaciones complicadas, pero cuando se tienen
cargas familiares, cuando no se tiene ninguna perspectiva, todos buscamos
una solución, aunque la trampa pueda ser mayor.
No ha hecho referencia a la cooperación internacional, que considero una
de las partes importantes para atajar este problema. Debemos atender a
estas mujeres una vez que se encuentran en nuestro país ejerciendo la prostitución,
pero creo que es fundamental la prevención y para ello es imprescindible
que se lleven a cabo campañas de sensibilización, esa amplia batería de
propuestas que ya tuvimos ocasión de debatir en la ponencia especial sobre
el tráfico de mujeres. Me gustaría conocer su opinión para solucionar este
problema; cómo piensa que se pueden sentar las bases para solventar esta
grave cuestión, porque los datos están ahí y desde los años 1995 y 1996
se están disparando y debemos conocer las distintas opiniones a este respecto
porque la situación en la que estas mujeres se ven involucradas, como usted
ha explicado, es bastante grave.
Me gustaría saber también si han tenido ocasión de evaluar esa campaña
de concienciación sobre los clientes, los prostituidores; qué incidencia
ha tenido, más allá de las reacciones hacia la organización que ha puesto
en marcha la campaña, sobre estos clientes, sobre la actividad que se desarrolla
en clubes, en pisos, la prostitución de calle, etcétera.
Por mi parte, nada más, deseo agradecerle nuevamente su presencia y pedirle
que tenga confianza, que realmente con la aportación de todos debemos encontrar
la solución a este problema.
La señora PRESIDENTA: Gracias, senadora
Montes.
Por el Grupo Parlamentario Popular, tiene la palabra doña Cristina Tejedor.
La señora TEJEDOR UTRILLA: Gracias, señora
presidenta.
Quiero dar la bienvenida a la comisión a doña Ana Míguez y decirle que
su intervención me ha parecido muy interesante, muy bien estructurada y,
sobre todo, me han gustado muchísimo las preguntas que ha dejado en el
aire al finalizar su intervención, porque considero que todos deberíamos
reflexionar sobre ellas tanto en esta comisión como el resto de la sociedad.
El trabajo que viene realizando desde su asociación es muy duro y pienso
que a veces tiene que ser aún más complicado, y no sólo por las dificultades
que entraña el desarrollo del trabajo, como se ha puesto de manifiesto,
sino también porque pueden resultar frustrante los resultados reales que
se consiguen después del esfuerzo y el trabajo que llevan a cabo; por ejemplo,
como también ha planteado mi compañera del Grupo Parlamentario Socialista,
el resultado obtenido de estas dos personas que ha denominado supervivientes,
que ahora pertenecen a la asociación, se puede considerar pequeño, después
del esfuerzo tan grande realizado desde hace tantos años.
También me han llamado la atención los datos recogidos sobre la prostitución
en Galicia, porque vemos que el porcentaje de mujeres españolas que ejercen
la prostitución en la calle es muy distinto pero, sorprendentemente elevado
si lo comparamos con el número de mujeres españolas que ejercen la prostitución
en los distintos clubes, con el incremento permanente de su número que
se viene produciendo en su comunidad y en general en el resto de España.
Por tanto, hay un porcentaje que sorprende por la diferencia resultante
de las mujeres españolas en un tipo de prostitución y en otro, y me gustaría
que me aclarara por qué piensa que se produce esta situación.
Quiero incidir en la cuestión de la dificultad de separar la prostitución
del tráfico sexual. Creo que en esta comisión tenemos que hablar de tráfico
sexual y no de otro tipo porque ya conocemos que hay tráfico laboral, otro
tipo de explotaciones, pero realmente a nosotros nos interesa el tráfico
sexual de mujeres. Otros comparecientes han planteado el hecho de que existe
mucha prostitución, entre comillas, que se ejerce voluntariamente, teniendo
en cuenta los condicionantes que llevan a las mujeres a tener que dedicarse
a la misma, y lo que puede considerarse tráfico sexual,
como si fueran dos ámbitos completamente
diferentes dentro del mundo de la prostitución; me gustaría que nos explicara
su opinión sobre esa unión de la prostitución y del tráfico sexual.
Me ha interesado muchísimo la cuestión de las campañas, los anuncios en
los medios de comunicación. En muchas ocasiones he comentado la necesidad
de llevar a la sociedad campañas contra esa permisividad social que se
viene produciendo en general en toda la sociedad, no sólo entre los hombres
sino en la sociedad en su conjunto, hacia la prostitución y hacia los hombres
que hacen uso de la misma y considero importante poner en marcha campañas
de sensibilización de cualquier tipo que incidan en una toma de conciencia
de la trascendencia que puede tener y, como se ha denominado en otras ocasiones
en esta comisión, la influencia que tienen los prostituidores en el desarrollo
cada vez mayor del tráfico de mujeres.
Igualmente, quiero pedir su opinión sobre qué medidas considera que pueden
ser más eficaces, después de sus trabajos y experiencias, para ayudar a
las mujeres o qué medios sería necesario poner en marcha, se ha hablado
de la policía, del esfuerzo importante que están realizando las Fuerzas
y Cuerpos de Seguridad del Estado; me gustaría saber si considera que serían
necesarios otro tipo de medios o medidas de cualquier tipo para ayudar
a las mujeres que están viviendo estas situaciones tan dramáticas de esclavitud.
Por otro lado, y como usted ha hablado de las mujeres supervivientes, quisiera
saber si éstas denuncian a los proxenetas o las redes que se les ofrecen,
con la posibilidad de legalizar así su situación. Y si no se está denunciando,
me gustaría que nos explicara lo que sería necesario hacer para que cada
vez hubiera un mayor número de mujeres que pudiera acogerse a ese artículo
que recoge la posibilidad de presentar una denuncia y, como digo, conseguir
la legalización.
Al igual que la portavoz del Grupo Socialista, también yo considero importantes
las medidas de cooperación con los países de origen. Por tanto, creo que
sería conveniente que se realizaran grandes campañas de cooperación con
los países de procedencia de las mujeres que vienen a ejercer la prostitución
para darles a conocer la realidad que se van a encontrar en nuestro país,
tanto si llegan engañadas como no, es decir, tanto si creen que van a trabajar
en el servicio doméstico como si saben que van a ejercer la prostitución,
para que sepan en qué condiciones van a encontrarse, incluso ejerciendo
la prostitución, en nuestro país. No sé si usted considera que esas campañas
podrían ser eficaces o ayudarían a mejorar el tráfico permanente de mujeres,
y su explotación, que se viene produciendo en nuestro país.
No me quiero extender más. Sólo quiero manifestar que su intervención ha
sido muy interesante, y me gustaría que todos retomáramos las preguntas
que usted ha dejado en el aire al final de su intervención.
Muchas gracias.
La señora PRESIDENTA: Gracias, senadora
Tejedor.
Para contestar todas las cuestiones planteadas por los portavoces, que
demuestran el interés que su intervención ha suscitado, tiene la palabra
doña Ana Míguez.
La señora MIGUEZ VIGO ( De la Asociación
Alecrín de Vigo, Pontevedra):
Gracias, señora presidenta.
Intentaré contestar todas las preguntas formuladas por sus señorías, que
son muchas, aunque ciertamente muy interesantes.
Me preguntaban si trabajamos en mayor medida con mujeres en la calle o
en los clubes. Pues bien, trabajamos con ellas en la calle --como ya les
he dicho, nuestra unidad móvil recorre varias ciudades de Galicia-- en
aquellos espacios donde las mujeres están siendo prostituidas, es decir,
en los pocos barrios que quedan para ejercer la prostitución y en las calles
donde se aglutinan al dejar de existir esos barrios. Pero también trabajamos
en los clubes, aunque normalmente lo hacemos durante las horas en que están
cerrados. Y no nos cierran la puerta, porque regalamos preservativos. Así,
puede salir una mujer, con la que hablamos y le preguntamos cuántas mujeres
trabajan en el club y le indicamos que si alguna de ellas quiere hacerse
una analítica puede acudir a un determinado centro. En este sentido, creo
que Galicia es la única comunidad autónoma en la que se preserva completamente
la identidad de esas mujeres, además de contar con asistencia sanitaria.
Simplemente acuden a los centros con nuestro volante, y es suficiente.
Y como saben que nosotras podemos entregar esos volantes --por lo menos
lo saben en muchos casos las mujeres cómplices de los proxenetas o de los
dueños de estos clubes--, tenemos acceso a ellas, aunque, como digo, casi
siempre fuera del horario en que los prostituidores entran en los clubes.
Como pueden comprobar, no tenemos demasiados problemas en ese sentido.
La senadora Loroño me ha hecho una pregunta que estoy encantada de contestar.
Señoría, el sindicato de mujeres prostituidas está siendo promovido, y
así lo manifiesta públicamente en diferentes medios de comunicación y en
su misma página web, por la Asociación Nacional de Empresarios de Locales
de Alterne, ANELA. Está actuando con un fuerte apoyo económico y ganando
mucho dinero, y ha montado una red en España que da miedo. Nosotras sabemos
que hay clubes de ANELA en la que figura esa placa «calidad ANELA-carne
de calidad»; y hay otros que, no teniéndola, van a suministrarlas en el
momento de la socialización de las mujeres en esos clubes, a los que van
a llegar cuando la resignación sea una realidad. Y a partir de ahí, no
van a tener problemas. Como digo, es ANELA la que está promoviendo ese
sindicato.
Por otra parte, las campañas que dirigimos a los prostituidores fue verdaderamente
magnífica para demostrarnos que la gente que nos llamaba nunca se había
planteado la idea del prostituidor-cliente. Las mujeres llamaban asombradas,
y no tuvimos ninguna llamada a través de la cual recibiéramos una amenaza,
como tampoco tuvimos ninguna llamada de mujeres prostituidas que nos preguntaran
lo que estábamos haciendo. Y voy más allá. Gracias a nuestro trabajo con
las mujeres prostituidas éstas saben claramente, y además están de acuerdo
con nosotras, que
nadie quiere la prostitución, ni siquiera
la quieren para ellas mismas
--de lo contrario sería imposible que mantuviéramos un contacto directo
con ellas--, como tampoco para sus hijas y sus amigas. No la quieren para
nadie. Si la ejercen es porque la sociedad, la necesidad, las llevó a estar
ahí. Y si ustedes y yo no lo estamos es porque la casualidad nos ha puesto
donde nos ha puesto, no por otra cosa. Porque, no nos engañemos, todas
las mujeres sin excepción podemos ser susceptibles de ser compradas y vendidas.
Cuando se me pregunta sobre la intención de normalizar la prostitución
yo siempre respondo que Alecrín promovió la única cátedra de estudios feministas
que existe en España, que se encuentra en Vigo. Y muchas veces pienso que
quizá Alecrín se equivocó y debimos promover una cátedra de estudios para
puta, con el fin de que, ya que es un negocio tan floreciente, nuestras
hijas fuesen putas. Me pregunto cómo consideraría eso la sociedad, o ustedes
mismas.
Por otra parte, no es que sólo tuviéramos dos únicas supervivientes de
la prostitución, sino que dos de estas mujeres trabajan con nosotras en
la unidad móvil en los centros de día. Pero hay 16 extranjeras que pasaron
por el piso, que lleva abierto muy poco tiempo. Y si tuviéramos más espacio,
más mujeres prostituidas que escapan de la pobreza acudirían a nosotras.
Lo que ocurre es que contamos con muy pocos medios. Que yo sepa, en Galicia
sólo existe este piso de seguridad, que ni la misma Policía sabe dónde
está. En realidad supongo que sí lo sabe, pero siempre se dirige a nosotras,
que somos quienes recogemos a las mujeres y las llevamos al piso.
Y no vengo a ensalzar la imagen del policía, pero debo ser honesta y decirles
que con los policías de extranjería que trabajamos en Vigo, A Coruña o
Santiago existe una magnífica colaboración. Sin embargo, ellos están absolutamente
desesperados por la falta de medios y porque hay jueces que, teniendo conocimiento,
por ejemplo, de que hay una mujer rescatada desde el mes de mayo, como
ha ocurrido, a estas alturas no saben dónde se encuentra, o si ha sido
asesinada o no.
Y les voy a contar una triste anécdota sobre este tema. El otro día me
llamó personalmente uno de los jefes de la policía de extranjería y me
dijo: Ana, ¿hay posibilidad de que me traigáis a una mujer? Porque acabamos
de sacar a un grupo de mujeres de Brasil, pero no quieren presentar una
denuncia porque piensan que ya está muerta. Le contesté: No hay ningún
problema. Y le llevamos a esa mujer para que sus compañeras comprobaran
que no estaba muerta.
Eso es lo que está ocurriendo mayoritariamente con las mujeres traficadas.
Y hablando de otro tema, antes me he olvidado de comentarles que en estos
momentos tenemos en proyecto otras campañas dirigidas a los prostituidores-clientes
en colaboración con la Consellería de Sanidad de Galicia y el Ayuntamiento
de Vigo, ya que ellos mismos se dieron cuenta de que era necesario que
se llevase a cabo ese tipo de campañas. Pues bien, haremos una campaña
sin herir demasiado la sensibilidad de nuestros hombres, porque la normalización
es tal que pueden herir hasta a sus madres, desgraciadamente. Ahí está
el peligro.
También vamos a comenzar una campaña en los colegios e institutos, muy
bonita, porque se va a utilizar material didáctico, y con la que pretendemos
romper la normalización y los tópicos que existen en el mundo de la prostitución.
Supongo que comenzará a principios del año que viene, aunque alguna de
las otras dos campañas puede que se inicie el próximo mes.
Me indicaban sus señorías que no coincidían las cifras, porque hablamos
de ocho mil mujeres que están siendo prostituidas, mayoritariamente extranjeras.
Ello se debe a que la feminización de la pobreza en su país de origen las
lleva a ello. Yo les estoy dando un dato extraído de los 352 clubes que
Alecrín ha visitado, uno por uno --y la policía ya los cifra en cerca de
cuatrocientos--; aquí no contabilizamos ni a las mujeres de la calle, que
las conocemos con nombre y apellido --ya les he dado cifras de las españolas,
de las portuguesas, de las latinoamericanas-- ni a las mujeres que están
siendo prostituidas en los clubes, modalidad ésta que se está extendiendo
cada vez más. Cada día hay más pisos en que las mujeres extranjeras se
prostituyen, sobre todo a Galicia están llegando masivamente mujeres procedentes
de Brasil, y esas cifras son muy difíciles de cuantificar, porque alguna
vez que lo hemos intentado los propios prostituidores han puesto trabas
para impedirlo, además de los muchos métodos que tienen --y muy buenos--
para que ellas no denuncien. Pero la verdad es que la masificación de pisos
donde las mujeres están siendo prostituidas está resultando escandalosa,
y lo peor de todo es que la población normal y corriente sabe que en su
mismo edificio hay mujeres que están siendo prostituidas; esos hombres
entran a comprar esos cuerpos como quieren, con una enorme tranquilidad,
y sin embargo siempre se cuestiona a las mujeres, sin pararse a pensar
que en muchos casos --como estas últimas que fueron rescatadas en Vigo--
están siendo obligadas, están siendo retenidas. Estas mujeres de Vigo,
por ejemplo, en su país de origen no estaban amenazadas, sino que las amenazas
estaban aquí. Siempre hay fórmulas para retenerlas y socializarlas hasta
el punto de que se resignen a tener esa vida.
Han formulado ustedes una pregunta muy interesante: ¿por qué se produce
un índice tan bajo de mujeres españolas que están siendo prostituidas?
Es obvio. España es un país rico en que las mujeres tienen posibilidades
laborales, mejor o peor pagadas, y ésa es la razón. Sin embargo, ¿por qué
nos encontramos con un índice tan alto en la calle? Porque son mujeres
ya mayores; tengo un dato que indica que algunas de ellas tienen hasta
setenta años, incluso en Lugo hay una que tiene más de ochenta años, y
son mujeres que llevan muchos años siendo prostituidas, mientras que otras
son mujeres cuyo proxeneta es la droga, y se prostituyen para conseguirla;
y otras, como las africanas, son mujeres que no suelen trabajar en clubes,
sus dueños las controlan muy bien en la calle; casi todas las mujeres que
nosotras conocemos vienen de tribus, sus marcas en la cara así lo indican,
y tienen un control férreo de sus proxenetas; otras proceden de los países
del Este, y notamos en los últimos tiempos que se están estableciendo en
los mismos barrios con sus dueños, que en la mayoría de los casos son rumanos,
al igual que ellas, aunque también hay albanesas.
Otro aspecto son las medidas y los medios, y preguntan ustedes si tienen
miedo a la denuncia. ¿Cómo no van a tener miedo a la denuncia? Estamos
dándoles cifras de todas las mujeres extranjeras que se dirigen a nosotras,
y todas ellas tienen hijos, o bien aquí o bien en su país; son mujeres
amenazadas tanto aquí como en su país. Una de las mujeres supervivientes
que trabaja con nosotros es rumana --se llama Rody--; el prostituidor la
trajo de Levante a Galicia, y cuando la red se percató de que había huido,
le quemaron el coche a su tío, le dieron una paliza de muerte a su hermano,
y a su madre la amenazaron con que, si supiera donde estaba su hija y no
les avisara, se acordaría. ¿Cómo no van a tener miedo, si las amenazas
están aquí y allá? Aquí también hay amenazas. ¿Se imaginan ustedes, francamente,
que a una de estas mujeres la meten en una habitación de un club, sin conocer
a nadie, y el primer prostituidor que le ponen delante es un señor con
uniforme --el que sea--, si iban a confiar que les dijeran que la policía
estaba avisada? Es imposible.
Después está el otro sistema: el de grabar sus ocupaciones, y en el momento
en que se rebelan o hay indicios de que se vayan a rebelar, les amenazan
con que esa grabación llega a su familia. Y hay más mujeres de las que
ustedes pueden imaginar cuyos hijos fueron asesinados. Esta mujer, colombiana,
estaba en el club Cóndor, de Mos, y ya no está; lo sabemos por una reciente
redada de la policía.
En cuanto a la cooperación internacional reconocemos que trabajamos directamente
con organizaciones que tratan a mujeres prostituidas o con organizaciones
humanitarias; siempre recurrimos a ellas y responden muy bien. Es cierto
que trabajamos en proyectos de ámbito europeo en cuestiones sanitarias;
llevamos desde el año 1997 trabajando en estos programas, por lo que tenemos
un contacto directo con sus miembros, intercambiando experiencias. Pero
como estos proyectos son de ámbito europeo, y estas mujeres son de países
del Este o de Sudamérica, la cooperación es mínima; sin embargo, sí tenemos
mucha relación con organizaciones latinoamericanas y africanas.
Por último me preguntaban --y con esto creo haber contestado a todas sus
señorías-- cómo encaran las supervivientes la nueva situación; qué pasa
con su estigma. Nuestra experiencia es terrible. Yo recuerdo ir a dormir
en alguna ocasión con una mujer que acababa de ser rescatada, y su obsesión
era cómo estaría la familia, y por ello ni hablaba de su situación como
persona violada constantemente, durante los días que estuvo en ese club.
Su preocupación era ésa. Nuestra organización tiene una psicóloga y mientras
estas mujeres están en España intentamos que sean tratadas, al igual que
por el servicio médico, pero es insuficiente a todas luces. Les voy a decir
algo que van a entender: cuando hablamos del acoso sexual laboral la gente
piensa que sólo puede costarte tu trabajo, y a lo sumo que no te crean.
Yo puedo decirles, por mi experiencia con mujeres acosadas sexualmente
en su trabajo, que tardan años en superar ese problema; quedaron marcadas.
Imaginen ustedes el estigma tan fuerte que supone la violación sistemática,
porque las mayores aberraciones se hacen con aquel cuerpo que se compra
para hacer con él lo que se quiere, ya que el prostituidor cliente paga
para eso, y si yo compro un producto quiero que se adapte a mis necesidades;
en eso estaremos de acuerdo todos, porque no piensen ustedes que hay prostituidores
tan encantadores que lo primero que preguntan es si sienten placer o si
se encuentran a gusto, ni muchísimo menos; ellos no necesitan eso. De hecho
en muchos casos son mujeres. Concretamente esta mujer, que habla seis idiomas,
había aprendido en seis meses nada más cinco palabras, las que todos nos
imaginamos. Fíjense qué fácil sería.
¿Creen ustedes que el prostituidor se preocupó de que pudiese aprender
más o menos palabras? No, porque él va a lo que va, es decir, a utilizar
el producto como él quiera puesto que para eso paga.
En cuanto a una pregunta muy importante que me han formulado dos senadores
referente a la distinción entre tráfico y prostitución tengo que decir
que los defensores de hacer distinción entre tráfico y prostitución de
mujeres en realidad quieren crear las bases para excluir la prostitución
de la categoría de violencia contra las mujeres, pero, señorías, ustedes
deben pensar que el objetivo de la prostitución y del tráfico sexual es
el mismo: la venta de cuerpos de mujeres y de niñas.
Por eso, al hacer una distinción corremos riesgos, siendo uno de ellos
querer diferenciar que la prostituta es una mujer que elige en tanto que
la traficada no. Pues bien, eso no es así puesto que a las dos se les están
violando sus derechos como seres humanos que son.
La señora PRESIDENTA: Gracias, señora Míguez.
Volvemos a agradecer su comparecencia en el seno de esta comisión. Estoy
convencida de que su aportación será de gran valor para el informe final
que elaboraremos.
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